domingo, 11 de marzo de 2012

El naipe ausente

 
Hoy contaré las bondades
de un número de dos cifras
que me tocó en una rifa
y tiene tres unidades.

Al tres le precede un uno
y se forma en su apogeo
el número que yo veo,
primo como ninguno.

Algunos dicen que es gafe
muchos otros que es muy bello
y la verdad es que entre ellos
siempre hay un rife y rafe.

Los primeros, a Dios gracias,
ni su nombre ellos comentan;
«doce más uno» lo mentan
para evitar las desgracias.

Los optimistas lo usan,
al igual que a otros primos,
para apostar en casinos
cuando de su suerte abusan.
Tal es el gran valor
que al trece dispensan estos
que osan apostar el resto
aun yendo con un farol.

A mi me da mucha pena
que no esté en nuestra baraja,
¡con lo bonita y lo maja
que quedaría una reina!

Cuatro reyes con sus cortes,
Copa, oro, espada y basto.
Los cuatro deben ser castos
si carecen de consortes.

Para eso están las sotas,
dicen los más deslenguados,
por si están muy apurados
que se pongan bien las botas.

Pido, por tanto, ¡pardiez!
que la reina sea el trece,
y de los que esto depende,
que aprendan del ajedrez.

José M. Ramos. Pontevedra, 19 febrero 2012

Cogito, ergo sum

«Pienso… por tanto existo»,
dijo Descartes un día,
bromeando con su tía,
intentando hacerse el listo.

Preguntó ella con sapiencia:
«¿Quieres acaso expresar
que la capacidad de pensar
deriva de la existencia?»

«Desde luego es mi premisa»,
Respondió sonriendo René.
Y entonces la mujer
le argumentó de esta guisa:

«Pues tal teoría aplicando,
y por esa regla de tres,
también piensa este ciprés»,
dijo mostrándo un árbol.

Utilizando su mente
él llegó a la conclusión
que existir es condición
necesaria e insuficiente.
Si piensas, luego existes,
pero no siempre al revés,
y si tú así no lo ves
la lógica no te asiste.

Y nos revela la ciencia
que pensar implica ser,
mas no se puede establecer
entre ambos la equivalencia

Vemos pues la relevancia
de utilizar la cabeza
en medio de esta maleza
que nos sume en la ignorancia.

¿Qué es la filosofía?
pregunta siempre algún lego.
Yo siempre pongo el ejemplo
de Descartes y su tía.
René Descartes


José M. Ramos. Pontevedra, 16 febrero 2012

El cero

Quisiera hoy hablar del cero
que, aunque sencillo aparenta,
cuando operar con él se intenta,
resulta todo un misterio.

Si lo uso en exponente
siempre nos va a dar uno,
pese a no ser oportuno,
lógico o convincente.

Si le aplico el factorial
el uno me vuelve a dar;
parece volverse a empeñar
en generar la unidad.

Y saliendo del armario
ambos son novios presuntos,
cohabitando los dos juntos
en el sistema binario.

Y aunque el cero es menor,
porque nació un poco tarde,
siempre está haciendo alarde
de su falta de valor.

Lo que lo hace diferente
del resto de sus colegas
que tienen envida ciega
del cero tan prepotente.

Y para escarnio mayor
todos lo ven descontentos,
al ser el único exento
de ser denominador.


El mundo creó, Dios travieso,
de la nada… ya se sabe,
y en el cero está la clave
del albor del universo.

Pues la nada y el cero son
en esencia cosa igual,
detonantes al final
de primigenia explosión.

Por lo que al cero debemos
nuestra existencia en el cosmos
y todos sus hijos somos,
pues de la nada nacemos.

Toda esta reflexión,
burda pero filosófica,
tal vez nos parezca exótica,
excéntrica y sin razón.

La crítica no me enfada,
porque al poeta permiten,
y a ello se remiten,
licencias ilimitadas.

Resumiendo he de decir,
a modo de corolario,
que el cero sería necesario
en caso de no existir.


José M. Ramos. Pontevedra, 16 febrero 2012.

Arquímedes de Siracusa

Arquímedes De Siracusa:
era tu responsabilidad
defender a tu ciudad
y Roma no tiene excusa,

una vez conquistadora,
por matarte con vileza,
cortándote la cabeza
sin juicio y sin demora.

Dentro de aquellas murallas,
un anciano dibujaba
y allí, absorto, ignoraba,
el fragor de la batalla.

Días antes, los romanos
asediaban Siracusa,
en vano pese a su lucha
y a su flota de mil naos.

Pues desde la ciudadela
mil rayos deslumbradores,
a los barcos invasores,
prendían fuego en sus velas.

A Marcelo, que comandaba
el ejército de Roma,
que los dioses una broma
parecía le gastaban.

¿Cuál era aquel gran misterio
que a toda su flota diezmaba?
¿Quién detrás de aquello estaba
que desafiaba el Imperio?

Se enteró por sus espías
que en la ciudad vivía un viejo
que con un juego de espejos
el prodigio conseguía.

Tras muchos y arduos combates,
y con paciencia duradera,
aquella ciudadela entera
sucumbió a un último embate.
Entró Marcelo triunfante
y a su ejército ordenó
buscase sin dilación
a un viejo y no a un infante.

La soldadesca al triunfar,
al pillaje dedicada,
y viéndose antaño humillada,
la orden pareció olvidar.

Arquímedes se encontraba
absorto en sus reflexiones
y un soldado sin galones,
la cabeza le cortaba.

Supo Marcelo el final
de Arquímedes y su suerte.
Lamentó mucho la muerte
de aquel anciano genial,

que mantuvo siempre a raya
con su inventiva increíble,
al ejército invencible
en mil y una batallas.

Y de esa manera tan cruenta
murió ese sabio tan grande
cuya figura hoy se expande
por la Historia de la Ciencia

y es paradigma además
de ese genio despistado,
cuyo mundo es limitado,
pues ignora a los demás.

Y se recuerda de él hoy
su principio en los fluidos
y el célebre y conocido
eureka que profirió,

cuando aquella famosa vez
salió corriendo a la calle
sin taparrabos al talle
mostrando su desnudez.

José M. Ramos. Pontevedra, 9 febrero 2012

El análisis de sangre

A la casa del vampiro
me dirijo cual cordero,
y mucho escarnio yo espero
consciente de mi destino.

Cien víctimas hay delante
a las que la sangre toman,
y ya mi impaciencia asoma
pues tiene un límite mi aguante.

Mientras espero mi turno
escribo este manifiesto,
aguardando muy dispuesto
a ese vampiro diurno.

Me llaman, ya me ha tocado.
Entro por un corredor
y allí está el chupador
con aspecto humanizado.

Me sonríe el muy ladino
con una aguja en la mano,
aspecto cordial y sano,
porte elegante y muy fino.
Le muestro el brazo derecho
y me pincha el antebrazo.
Quisiera darle estacazo
en el centro de su pecho,

enseñarle un crucifijo,
una buena ristra de ajos
y ver como su desparpajo
iba a transmutarse… fijo.

Cuando me pincha no miro
porque si la sangre veo
me desmayo del mareo
para chanza del vampiro.

Y aún tiene la osadía
de preguntar si molesta
con su mirada funesta
pinchando con alegría.

Ya después de la extracción
se va pasando el estrés,
aunque he de volver en un mes
a controlarme el Sintrón[i].


[i] Sintrón.- Nombre comercial de un medicamento anticoagulante de la sangre para dolencias cardíacas que hay que controlar periódicamente mediante una analítica de sangre.

José M. Ramos. Pontevedra, 30 enero 2012

La fórmula de Euler

 
e y pi son trascendentes,
irracionales por tanto.
Tomo pi y lo levanto
colocándolo de exponente.

Dejo la e como base,
cual función exponencial,
que es su lugar natural
y donde tiene más clase.

Tengo e elevado a pi
y a este último añado
un factor imaginario
que represento por i.

Si 1 sumo al conjunto,
con sorpresa el resultado
puede ser considerado
un teorema presunto.

Y aunque a priori no espero
que la expresión me dé algo,
casi de emoción de caigo
cuando compruebo que es 0.

En principio no me creo
que al combinar i, pi y e,
aunque tengo mucha fe,
se pueda obtener el 0.

Y sin embargo es así.
Eufórico de alegría
por el hallazgo que hacía
un eureka proferí.

Mas no se lleven un susto.
Salí a la calle corriendo,
y aunque loco de contento,
no mostré mis atributos.

Soy apuesto y no lo niego,
pero ni una sola vez
mostraré mi desnudez
como Arquímedes el griego.

Pero luego me enteré
de que no era el primero
en encontrar ese 0
combinando pi, i y e.

Se me había adelantado,
con bastante antelación,
para mi desesperación.
un tal Leonard Euler[i] llamado.

Y a la base exponencial
los hombres e le llamaban
porque por e comenzaba
el nombre de mi rival.

Como mi apellido es Ramos,
y si Euler no naciese,
probablemente erre fuese
base de los neperianos.


[i] Leonhard Paul Euler (Basilea, Suiza, 15 de abril de 1707 - San Petersburgo, Rusia, 18 de septiembre de 1783), conocido como Leonhard Euler, fue un matemático y físico suizo. Se trata del principal matemático del siglo XVIII y uno de los más grandes de todos los tiempos.
José M. Ramos. Vigo. 28 enero 2012

Carnaval en Pontevedra

El carnaval es festejo
de carácter ancestral
también es universal
y es un rito muy añejo

Disfrazarse de otra cosa
de lo que uno no es:
a la bella fea ves
y a esta se la ve hermosa.

Pero en todo este trasiego
de gente y de marabunta
nadie se hace la pregunta
de quien organizó este juego.

Todos alegres estáis
pero lo que no sabéis
es que hubo un pontevedrés
de nombre Andrés Muruais[i]

que imaginó la leyenda
de que un rey imaginario
y de nombre estrafalario,
pues Urco se llama el menda,

monarca carnavalero,
quiso conquistar la villa
de España la maravilla
con su cohorte de guerreros.

Y Andrés que era poeta
de versos dedicó un ciento
a cantar con su talento
del rey Urco aquellas gestas.

Y para un mayor decoro
de esta fiesta y de su lustre,
acabamos su disfrute
con el funeral de un loro.
Y al fuego le echan leña
y queman a Ravachol,
cuyo dueño era Feijóo[ii],
Perfecto para más señas.

Y ahí donde tú lo ves,
un lorito inofensivo,
toma su nombre festivo
de un anarquista francés[iii].

Era el tipo tan malvado,
cometió mil tropelías,
asaltos y fechorías,
que murió guillotinado.

Así que ese lunar final
no lo perdamos de vista
recordando a un terrorista
en nuestro gran carnaval.

Si bien nuestra población
seguro ignora este dato,
no es el asunto pacato
si invocamos a un felón.

Yo propondría otra cosa,
y es que matemos al loro
con una dosis de cloro
de ese que produce Elnosa.

De nombre le cambiaría.
Celuloso no está mal,
y al matar al animal
descontamino la ría.

Sería así más real,
acorde con la ciudad
y de plena actualidad,
este nuestro Carnaval.



[i] Andrés Muruais Rodríguez, poeta y escritor pontevedrés y uno de los impulsores de la cultura gallega en el siglo XIX
[ii] Perfecto Feijóo Poncet (1858-1935). Personaje pontevedrés impulsor de la cultura gallega. Propietario de una botica en la calle Peregrina donde poseía un loro llamado Ravachol. Hoy se encuentra en el lugar un motivo escultórico rememorando la presencia del ave.
[iii] François Claudius Koënigstein (1859 - 1892), más conocido por Ravachol, fue un anarquista francés que se hizo célebre por sus atentados. Murió en la guillotina.

José M. Ramos. Pontevedra, 27 enero 2012