domingo, 11 de marzo de 2012

El naipe ausente

 
Hoy contaré las bondades
de un número de dos cifras
que me tocó en una rifa
y tiene tres unidades.

Al tres le precede un uno
y se forma en su apogeo
el número que yo veo,
primo como ninguno.

Algunos dicen que es gafe
muchos otros que es muy bello
y la verdad es que entre ellos
siempre hay un rife y rafe.

Los primeros, a Dios gracias,
ni su nombre ellos comentan;
«doce más uno» lo mentan
para evitar las desgracias.

Los optimistas lo usan,
al igual que a otros primos,
para apostar en casinos
cuando de su suerte abusan.
Tal es el gran valor
que al trece dispensan estos
que osan apostar el resto
aun yendo con un farol.

A mi me da mucha pena
que no esté en nuestra baraja,
¡con lo bonita y lo maja
que quedaría una reina!

Cuatro reyes con sus cortes,
Copa, oro, espada y basto.
Los cuatro deben ser castos
si carecen de consortes.

Para eso están las sotas,
dicen los más deslenguados,
por si están muy apurados
que se pongan bien las botas.

Pido, por tanto, ¡pardiez!
que la reina sea el trece,
y de los que esto depende,
que aprendan del ajedrez.

José M. Ramos. Pontevedra, 19 febrero 2012

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